LOS TRATADOS TORRIJOS CARTER Y EL GRAN LEGADO DESCONOCIDO DE JOHN WAYNE

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September 11, 2020

Tratados Torrijos Carter, Panama

LOS TRATADOS TORRIJOS CARTER Y EL GRAN LEGADO DESCONOCIDO DE JOHN WAYNE

Una tarde de fines de 1975 al quedarnos con el General Torrijos unos 3 miembros del Estado Mayor, Omar preguntó-como hablando para él mismo- ¿alguien conoce a algún panameño que sea gran amigo de John Wayne? La verdad- al menos para mí- es que esa pregunta era “algo absurda”… ¿un nacional que fuese gran amigo del famosísimo actor?...

Como unos 10 o 12 días después, estando el General y yo a solas, revisando algunos documentos que le pedí que viera (pocos, porque al estar tan ocupado, me decía “mira tú todo y usa mi criterio y contesta por mi- eran tiempos en que le mandaban a falta de Fax y los mecanismos digitales de hoy, cientos de telegramas y cartas diarias de todas parte del país-obviamente pidiéndole empleos, que apadrinara a un niño (algunos que le habían puesto el nombre de “Omar”; litigios de tierras de gente pobres contra gamonales influyentes y Jueces sobornables, etc. etc) Un paréntesis sobre “los pedidos de padrinazgo de niños o niñas”: En su nombre, cuando le pedían tal cosa, yo enviaba telegramas (respuestas de uso diario en esos u otros casos) al Mayor Jefe de la Zona donde vivían “los futuros compadres de Omar”. Les colocaba, por ejemplo: ¡Mayor Rodriguez, localize a la señora Marta González en Lajas (o Sona, o Guararé, etc.) y apadrínele en mi nombre el niño por bautizar. Deles unos $50.00  para el pago del párroco y si es menos le agrega otros $50 para algunos refrescos y les lleva a la familia unas 4 botellas de Ron y dos docenas de cervezas y esté un rato con ellos! Esos telegramas al recibirlos los jefes militares no llevaban mi firma. Como en el original yo firmaba “por el Comandante en Jefe, General de Brigada Omar Torrijos Herrera” , el  Jefe de Zona recibía el telegrama con la firma del General, no la mía. Esos pedidos eran frecuentes; obviamente, al cabo de un par de años en los “patrullajes domésticos” de Omar, también era frecuente que “lo abrazaran compadres o comadres” que le decían: “General, si viera cuánto ha crecido Omarcito (u Omaira en otros casos si era niña)… Más de dos veces me dijo: “Coño Roberto, anota esas vainas bien y me das un papel cuando voy a giras con los ahijados que tengo en el país”…. Anécdotas, simples, pero que dicen mucho.

Sigo el hilo del relato principal, “lo de un gran amigo de John Wayne en el país. Un par de semanas más tarde a la insólita pregunta, me dijo: ¿Viste?, ya localicé a un amigo íntimo de John Wayne. Es Arturo McCowen y tú lo conoces. Ellos pescan juntos y toman tragos cuando Wayne viene a pescar en algún lugar, sobre todo por Jaqué, donde hay un Resort caro para pesca de altura y grandes peces. Voy a mandar a Arturo a invitar al actor y hablar conmigo; él mismo me traduce, y lo llevamos a mi casa en Farallón. El hecho en efecto ocurrió. Hicieron química a primera vista; siendo Wayne ultraconservador y relevante amigo del gringo jodedor número uno de nuevos tratados, Ronald Reagan y otros, entre ellos varios senadores de ambos partidos, que se disputaban su amistad, Wayne aceptó de buena ganas, una vez que Omar en dos o tres horas le hizo una síntesis de los derechos violados de los nacionales desde el Tratado Hay – Buneau Varilla, el maltrato de los Zonians a los locales, el pago irrisorio por el Canal, los muertos del 9 de enero, etc. El actor se impactó. Luego de la despedida cálida- sellada ya una “amistad”- el famoso actor le dio la mano diciéndole “General, no dude que lo ayudaré; es totalmente justo”  Poco tiempo después, ya más avanzadas las negociaciones, el General le pidió a MacCowen que fuese a Los Ángeles a explicarle en detalles los avances y problemas serios de las negociaciones. Para ello envió también a dos nacionales que conocían detalles: los doctores Flavio Velázquez y Omar Jaén Suárez, que escoltaran a McCowen.                                  Iban apertrechados de informaciones frescas y debían pedirle al actor que al menos neutralizara las campañas del propio Reagan y varios senadores ultraconservadores que atacaban los nuevos pactos por todos los flancos. Quiso Dios que ya el Presidente era James Carter, que metió sus hombros desde el inicio, con su sentido moral, único en la Casa Blanca. Desde esas fechas que John Wayne bebió de las fuentes de los problemas inició su lobby, comenzando por llamadas y notas- algunas fuertes- con Reagan. Pero también llegó a hacer unas notas de su puño y letra a los 100 senadores que integran la cámara alta; entre ellos había Demócratas que se resistían a los pedidos de Carter, varios por temor a que le costara su reelección en sus Estados. La  temperatura de las encuestas, incluso llegando al año de 1977, era altamente abrumadora contra esa firma que para la mayoría de estadounidenses “era regalar no solo el Canal, sino también <el país hecho por ellos>” . Obviamente los gringos- cuyo 95% se ocupan solo de los problemas de “sus Countries”- pero reducido a sus localidades- y la palabra geopolítica jamás la han escuchado, al menos en esas fechas. Naturalmente, Omar tenía inicialmente el apoyo de Carlos Andrés Pérez, con fuertes influencias internacionales, igualmente el del Presidente López Michelsen de Colombia y de su amigo tico Daniel Oduber. Del mismo modo ya había visitado mandatarios continentales de la mayoría de los países y ya recorría capitales mundiales vendiendo “la causa legítima de Panamá”. Un gran aliado, vuelto ya amigo, fue el Mariscal Tito, presidente de los “países no alineados”, entre los cuales le abrió al General muchas puertas y apoyos.

Pero hoy el personaje central es el gran actor. Wayne se metió tanto que, siendo tan admirado, también ganó enemigos poderosos. Pero eso no le importó. Volvió un par de veces más a Panamá, combinando pesca y charlas con el General y asesores. Ya cerca a mediados de 1977, a semanas de la firma o rechazo de la Casa Blanca, pese al riesgo, cumplido, de que Carter perdiera su reelección por su apoyo total a Panamá- y habiendo venido a conversar con Omar unas tres cuartas partes de los senadores- el General, apoyado por Carter, Hamilton Jordan, y un par de asesores afines a los pactos, invitó al poderoso y vital “Comité de Relaciones Exteriores”, con furiosos enemigos a los pactos con el argumento “que Torrijos era comunista y tenía asesores íntimos como Rómulo Escobar, un marxista leninista” (hubo un senador republicano que inventó “que don José María Torrijos- a punto de ordenarse de sacerdote en seminario colombiano- y su esposa doña Joaquina Herrera de Torrijos- eran maestros rurales, creadores de una fuerte célula marxista en Veraguas” El ambiente contra los Tratados estaba envenenado. Omar le pidió a MacCowen que por favor hiciera llegar a esa reunión a celebrarse en Isla Contadora (donde el ambiente era calmante para todos) al actor; éste ya tenía un cáncer que avanzaba, implacable. Lo había adquirido (según el interesante libro en preparación del periodista español, Zoilo Martínez de Vega- que lamentablemente para el autor de una biografía en fases finales sobre el General- ya circula en el país- allí Zoilo, amigo de Omar de años, revela que al filmar una película en el desierto de Utah, donde no solo Wayne sino como 90 actores, actrices principales, secundarios, camárografos, del total de casi 200 participantes, cayeron con cáncer por haberse probado allí 9 bombas atómicas añadidas de mayor radioactividad. Pese a estar ya en quimioterapia Wayne sorprendió al grupo de senadores con su presencia en Contadora, buscando apoyar a Omar Torrijos. El impacto solo de verlo allí fue inmenso. Le pedían fotos con él, etc. El General le pidió decir unas palabras, aunque el actor “no quería entrometerse”; pero lo hizo, brevemente. Y pidió a los senadores, “honrar por fin el espíritu de democracia e independencia que tanto pregonan al mundo”.. Eso fue vital; si bien no todos fueron conquistados, muchos cambiaron de opinión y dejaron de hablar mal de los pactos. Eso es totalmente desconocido para los panameños, salvo entonces para el hoy difunto MacCowen (a quién le debemos mucho), para los doctores Velázquez y Jaén Suárez.

Ya en la recta final para la Ratificación- ya los Tratados estaban firmados entre Torrijos y Carter, ese mandatario vio que no le daban las cuentas y podíamos quedar con “un lindo documento sin valor de cumplimiento” si las tres cuartas partes del Senado no lo aprobaba. Entre los enormes problemas, pese a que el ambiente había mejorado, igual que las encuestas internas, a horas de la aprobación o rechazo, Carter advirtió que las cuentas eran mejores, pero un Senador de su propio partido se oponía. Ya Wayne-  todo contado por el periodista español- yacía en cama con un cáncer diseminado totalmente. Le quedaban si acaso semanas de vida. Carter le pidió a Omar que intercediera con el actor a fin de convencer a su propio senador demócrata. El General no se atrevió a hacerlo, por compasión con su amigo gringo, el mejor. Y Carter pidió que le localizaran a MacCowen y le solicitó “el último pedido de ayuda del actor”. MacCowen fue a Los Ängeles, al Hospital de la UCLA- todo en el recuento de Zoilo que ya circula indebidamente en mi opinión- y ya Wayne casi agonizaba, con varias inyecciones de morfina diarias por sus intensos dolores. Pese a su estado y rodeado de su esposa de origen peruano, Pilar Palette e hijos (ésta le perdonó la presencia de su última amante, su secretaria Pat Stacy) y con su gran amigo panameño, Arturo, Wayne localizó al senador y voto rebelde y le pidió “su último gran favor”. Únicamente esa gestión- igualmente desconocida- del inmenso actor, logró a horas de la sesión del senado, voltear las cosas, logrando con ese viraje, la cantidad exacta de votos para que hoy tengamos Nuevos Tratados, áreas revertidas, el Canal panameño y soberanía y una sola bandera. Honrar, honra.